Hay lugares que una vez que han sido pisados no pueden ser olvidados jamás, pues poseen una magia especial que nos envuelve de una manera absoluta, impregnándonos para siempre con su esencia más profunda. En algunos de estos lugares esa magia parece emanar de una referencia concreta más o menos explícita, pero hay otros lugares donde esa referencia yace escondida en un halo misterioso imposible de alcanzar.Cada uno de estos lugares nos deja su huella de una manera peculiar.
Ninguna de las ciudades en donde he estado me ha parecido tan explosiva y artísticamente bella como París, así como ninguna me ha impresionado tanto por su espectacularidad particular a los pies del Bósforo como Estambul, al igual que ninguna otra me ha llevado al recuerdo histórico monumental de la manera en que lo ha hecho Roma.
Hay muchos lugares impresionantes, con un encanto exclusivo e incomparable que los hacen ser únicos. Como ya he mencionado, en su modalidad, las dimensiones de belleza que uno puede encontrar en París son difíciles de hallar en otro lugar. La capital francesa vive por y para la belleza, a cada paso es fácil tropezar con destellos de esa belleza germinal desde la que brota la personalidad más penetrante de la ciudad. Los diversos y cuidados jardines, Nôtre Dame, el Sena o las esculturas de Rodin son algunos de los ejemplos arquetípicos que podemos encontrar en este marco de ensueño.
De la belleza de París podríamos pasar a la reminiscencia histórica de Roma, la armonía intelectual de Heidelberg, el caos descontrolado de El Cairo, el cosmopolitismo de Londres o el hermoso encanto de Venecia. Son tantos y tan maravillosos los preciosos lugares que podemos encontrar por el mundo, que bien vale la pena acercarse a ellos de vez en cuando para recorrer sus espacios, contemplar sus rincones y sentir sus latidos.
Hay muchos lugares impresionantes, con un encanto exclusivo e incomparable que los hacen ser únicos. Como ya he mencionado, en su modalidad, las dimensiones de belleza que uno puede encontrar en París son difíciles de hallar en otro lugar. La capital francesa vive por y para la belleza, a cada paso es fácil tropezar con destellos de esa belleza germinal desde la que brota la personalidad más penetrante de la ciudad. Los diversos y cuidados jardines, Nôtre Dame, el Sena o las esculturas de Rodin son algunos de los ejemplos arquetípicos que podemos encontrar en este marco de ensueño.
De la belleza de París podríamos pasar a la reminiscencia histórica de Roma, la armonía intelectual de Heidelberg, el caos descontrolado de El Cairo, el cosmopolitismo de Londres o el hermoso encanto de Venecia. Son tantos y tan maravillosos los preciosos lugares que podemos encontrar por el mundo, que bien vale la pena acercarse a ellos de vez en cuando para recorrer sus espacios, contemplar sus rincones y sentir sus latidos.
2 comentarios:
Estupenda entrada para aquellos que amamos viajar y quedarnos con la esencia de los lugares que pisamos, en los que siempre se queda un poquito de nosotros.
París, inconmensurable, y la visión del Bósforo desde las terrazas del Pierre Loti... Sin palabras, pero con sabor a té.
Un abrazo.
María, conocer otros lugares supone conocerse mejor a uno mismo.
Un abrazo.
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