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jueves, 21 de marzo de 2013

A la poesía


Me gusta volver a ti cuando todos han pasado, cuando no hay nadie, cuando incluso tu presencia se ha convertido en un lejano recuerdo. En ese silencio puedo acercarme libremente a tu escritura y dejarme envolver por tus susurros más delicados. Desde esa intimidad, cuando nadie me ve, cuando nadie nos ve, me es mucho más fácil despojarme de los prejuicios y contemplar el desnudo integral al que someten tus intenciones.
En esa contemplación es posible percatarse de la forma en que te desnudas a cada verso, de la forma en que muestras partes íntimas y desconocidas de tu esencia. Ahí es posible alcanzar una contemplación profunda de la belleza más admirable, en una forma de vida completamente distinta. Ahí... el alma se prepara  para recibir la caricia más delicada...

Muñoz Martínez, R. "Elogio de la contemplación. Trazos de una mesura imposible" Sevilla. Ediciones Anaquel. 2012. 2ª Ed., p. 167.  

martes, 15 de enero de 2013

SARAY PAVÓN



A pesar de su juventud, Saray Pavón ya cuenta en su haber con diversas publicaciones de índole colectiva e individual, entre las que cabría destacar sus poemarios Grisicitudes (2009), Esferas (2011) y Literatura de penumbra (2012). Asimismo, celebramos que en 2013 verá la luz su nuevo trabajo Ábreme, si me quieres conocer.
Nacida en Sevilla a mediados de los ochenta, nuestra poetisa pertenece a una joven generación de interesantes creadores que entrelazan modalidades artísticas -poesía, dibujo, fotografía…- en una magnífica e intensa expresión. Cada una de sus creaciones supone una obra de arte global, compuesta por una mezcolanza de formas que en ningún caso podemos obviar. Por este motivo, sus imágenes y palabras no deben ser contempladas fuera del objeto artístico que alberga su estar, ya que su ser se origina a partir de una estructura de reciprocidad que ocasiona en su conjunto una exclusiva composición total.
El recurrente vaivén de formas artísticas que encontramos en estos trabajos no se reduce a un mero recurso formal ni a un complejo capricho estilístico, sino a una intención fundamental por establecer un ámbito de encuentro marcado por una sincera autenticidad. De este modo, Saray instaura espacios de intimidad que solicitan una libre atención dispuesta a un profundo escuchar.
De una u otra manera, semejante decir poético emerge voluptuosamente con una fuerza desinhibida que atrapa al lector y lo involucra hasta callar. Así, la sugerencia latente en la plasticidad de este quehacer nos aproxima a la mirada de un alma que observa con sumo interés.

“Y con la noche,
tras tantos gemidos
cayó el silencio.”
Esferas

jueves, 6 de enero de 2011

Modos de creación poética (Esbozo)

La poesía nace del encuentro de la subjetividad del poeta con la objetividad de lo real, y el producto que se elabora artísticamente como fruto de este encuentro da lugar a expresiones que podríamos asumir desde el ámbito de lo subjetivo o desde el objetivo. Las poéticas pertenecientes al primer grupo se dedican a explicarnos el mundo desde el impacto que lo real produce sobre la subjetividad del poeta; mientras que las poéticas pertenecientes al segundo grupo tratan de ponerle voz a lo real mismo.

1) Poesía expresiva
Por un lado, encontramos lo que hemos denominado “poesía expresiva”. Nos referimos al tipo de poesía que brota absolutamente de la subjetividad del poeta. Se trata de aquella poesía que en su elaboración muestra la expresión subjetiva del hombre y la impresión que el mundo ha provocado en su manera de afrontar la realidad. Dentro de este modo poético podríamos enmarcar toda la poesía amorosa (Bécquer), laudatoria (Jorge Manrique), de reivindicación social (Miguel Hernández) y de disfrute de lo que hay (Jorge Guillén).

2) Poesía experiencial
Por otro lado, tenemos lo que hemos denominado con la expresión poesía “experiencial”. Nos referimos con esta expresión a la modalidad poética que pretende ponerse del otro lado de las cosas, nos referimos a la creación poética que busca hablar desde las cosas mismas, aunque su hablar tenga incluso que buscarse desde dentro del silencio mismo. Poéticas de este tipo podemos encontrar de una manera destacada en la mística y en la poesía del siglo XX, como muestran claramente los casos de San Juan de La Cruz, Santa Teresa de Jesús, José Ángel Valente, Paul Celan o Roberto Juarroz, entre otros muchos.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El sugerente encanto de lo poético

Centrémonos ahora en el terreno intangible de lo poético, y desde nuestra reflexión anterior, apliquemos lo meditado al ámbito de la poesía. ¿Dónde reside la esencia de este tipo de lenguaje?
Cuando el poeta escribe sobre un objeto, lo hace mediante el juego de la sugerencia. Mediante su decir, el poeta "trae a presencia" su verdadero objeto de reflexión sin nombrarlo y así, con el suave balanceo de las palabras elegidas nos envuelve en un universo infinito, donde quedamos atrapados por el misterio de lo que no ha sido dicho.
El poeta, al hacer poesía, nos habla de un objeto concreto mediante un tratamiento universal del mismo. El poeta habla del río, exaltando las cualidades universales más definitorias de “aquello” que hace a un río ser río; al hablar del amor sucede lo mismo, el poeta habla del amor sin nombrar directamente a la amada, sino exaltando las cualidades más incisivas del amor como experiencia universal. Se hable de lo que se hable, el poeta siempre nos muestra la esencia de las cosas sin nombrarlas directamente y esa es precisamente su grandeza.
En ese “no decir”, gracias a las posibilidades de la sugerencia, el poeta abre un horizonte significativo donde las cosas se presentan en total libertad. Al ser llamadas sin imposición, sin ser forzadas a decirse de una determinada manera, las cosas se muestran tal cual son de manera natural. De este modo la palabra poética crea un espacio libre, en donde la cosa puede llegar a mostrarse plenamente desnuda.
En la poesía las cosas son dichas sin ser nombradas y en ese decir que se pronuncia a través de una expresión abierta, se hace uso de una pluralidad significativa que nos trae la cosa poetizada de una manera plena.
Con esta manera de decir, el poeta alcanza la mirada de la inocencia, la mirada del niño que accede a las cosas por primera vez, y este hecho se da gracias a la posibilidad de la sugerencia, la cual nos trae las cosas sin nombrarlas, permitiendo así que éstas puedan mostrarse libre y naturalmente, en un ofrecimiento que no las encierra en ningún tipo de corsé creado a posteriori por el hombre. De ahí que los poetas siempre anden buscando las cosas por detrás de los nombres y a través del silencio.

¿Habrá alguna palabra más plena que el silencio de las cosas?

martes, 16 de junio de 2009

Poesía y sentimiento humano: El evento de la lectura poética

Desde el tierno beso que anhela al amado, a la loca pasión que aprisiona sin límites, desde la verdad del amor, a la amplitud de posibilidades infinitas que proporciona la pasión; desde la cordura del amor sereno, a la pérdida de la razón durante el éxtasis amatorio... un poema es capaz de realizar un recorrido frenético por los núcleos más elementales de la amatoria humana.
Las palabras que nacen del amante hablan desde el polo activo de la relación amorosa entre dos personas, exigiendo una reciprocidad cuando menos justa, ante lo que el amante es capaz de ofrecer.
Así el juego creador que se despliega bellamente en este ámbito, nos enseña intuitivamente los caminos de la estructura sentimental fundamental del ser humano.
La fuerza primordial del poema reside germinalmente en la actividad constante desde la que habla, una actividad que al mismo tiempo se muestra respetuosa y paciente, a la espera de que la pasión expresada le sea devuelta. Se empieza con un sentimiento y se termina con una apelación, y entre medio múltiples caricias, un fuego que no cesa, y la exigencia de la locura... y más al medio aún, entre medio, todo un acto amoroso que se interna apasionadamente en el deseo... deseo de ser correspondido en la locura serena del amor.
Exige tanto la lectura profunda y la recepción auténtica de un poema -desde luego no menos de lo que aporta-, que incluso exige al lector que sienta los indicios del cosquilleo que impulsó al autor a moldear tales versos, y al buen lector, seguro que esta circunstancia no se le escapa.