
“No la toques ya más,
que así es la rosa.”
Juan Ramón Jiménez
Estos versos del Premio Nobel de literatura andaluz, encierran en su decir una actitud sapiencial que debiera ser puesta en práctica sin más dilación.
La actitud impositiva del hombre contemporáneo se encuentra muy alejada del respeto por lo natural. Todo ha de alcanzar el modo de ser que la tan interesada actitud del hombre, impone sin compasión. La belleza debe quedar al alcance del bisturí, la producción natural se debe ajustar a la artificial estructura económica mundial y la riqueza bruta natural debe servir a la demanda universal. Por lo tanto, a estas alturas de los tiempos, pocos son los que no tocan a la rosa y la dejan ser “sin porqué”.
¡Qué distinta serían las cosas si no distorsionáramos la esencia de las mismas con nuestro actuar!
Juan Ramón y muchos otros ya advirtieron sobre esta verdad, pero como suele suceder cuando un sabio habla… solamente otros sabios atienden a su decir. Así, mientras la profunda y silenciosa reflexión de los sabios permanece en el olvido colectivo, la palabra alborotadora de los ignorantes se acrecienta “sin porqué”. ¡Ay!, ¡cuánto necesitamos de los sabios!
que así es la rosa.”
Juan Ramón Jiménez
Estos versos del Premio Nobel de literatura andaluz, encierran en su decir una actitud sapiencial que debiera ser puesta en práctica sin más dilación.
La actitud impositiva del hombre contemporáneo se encuentra muy alejada del respeto por lo natural. Todo ha de alcanzar el modo de ser que la tan interesada actitud del hombre, impone sin compasión. La belleza debe quedar al alcance del bisturí, la producción natural se debe ajustar a la artificial estructura económica mundial y la riqueza bruta natural debe servir a la demanda universal. Por lo tanto, a estas alturas de los tiempos, pocos son los que no tocan a la rosa y la dejan ser “sin porqué”.
¡Qué distinta serían las cosas si no distorsionáramos la esencia de las mismas con nuestro actuar!
Juan Ramón y muchos otros ya advirtieron sobre esta verdad, pero como suele suceder cuando un sabio habla… solamente otros sabios atienden a su decir. Así, mientras la profunda y silenciosa reflexión de los sabios permanece en el olvido colectivo, la palabra alborotadora de los ignorantes se acrecienta “sin porqué”. ¡Ay!, ¡cuánto necesitamos de los sabios!