
Mi querida Lucía,
aquél que sabe de la insignificancia del nombre, sabe del valor de la experiencia de lo vivido...
y tú además sabes expresar bellamente con palabras lo que vives y lo que piensas, con lo que consigues acariciar el alma de aquél que te lee y en mí caso, de aquél que te ama apasionadamente.
Te dejo una caricia.
Te dejo una caricia.
Mi querido Tristán,
al final se trata de seguir escuchando ese rumor interior (silencio) que tan hipnotizado nos tiene…
Un beso completo.
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Un beso completo.
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Mi querida Lucía,
los silencios encierran una carga inherente de apertura a un cierto modelo de plenitud, que se activa desde los dos polos tradicionalmente implicados en una relación amorosa. Pides sensualidad, que ejecutas hermosamente en el acto amoroso, desde el descontrol impuesto por la carga sexual. Sin embargo, nunca dejas de reclamar sensualidad ante esa llegada…
Una nueva caricia.
Mi querido Tristán,
Una nueva caricia.
Mi querido Tristán,
desgranas con acierto la intención de cada verso y cada gesto. Es un privilegio recibir tus comentarios… y tus caricias…
Te devuelvo la caricia, ofreciéndome ante ti.
Te devuelvo la caricia, ofreciéndome ante ti.




