
Tras la cita encontramos la siguiente correspondencia, la cual nos narra algunos aspectos del mencionado encuentro...
Querida Lucía,
me encanta llamarte por tu nombre y más aún cuando estoy cerca de ti. Acudí a la cita envuelto en terror. Por tus últimas cartas no sabía qué iba a encontrar. La cercanía creciente con tu intimidad me nubla la capacidad para entender tus textos, pero tal y como intuí el destino me tenía reservado un lugar abisal. Pronto decidimos sobre nuestra acción y nos rendimos a su deseo. Tu persona sigue tan cargada de poesía y belleza como siempre.
Tu inmensa perspectiva poética me ha alumbrado espacios por recorrer, cargados de experiencias secretas, que me encantaría seguir desvelando por el resto de la eternidad. Es tan importante no ser infiel a uno mismo, que todo nos va en ello. No puedo ocultarte que hasta ahora siempre había pensado que la infidelidad era un asunto interesante, sumamente cargado de perspectivas inusitadas. En esa danza, el cuerpo lo dice todo y te deja sin decir nada… basta con obedecer. Pero ahora... estás tú.
Un beso.
Mi querido Tristán,
gracias a ti por tu dedicación y por tus maneras. Tú me regalaste una maravillosa posibilidad y la sugerencia de alguna composición, yo sólo aporté un puñado de versos y la manera en que una se "vierte" cuando se entrega hasta confundirse con el universo. El mérito es todo tuyo, yo sólo tuve que entregarme y dejarme llevar. Me pareció un juego seriamente interesante, que obviamente tendremos que repetir… quizás dutante "el resto de la eternidad".
Tuya, te mando un racimo de besos.




