
Vigésimocuarta carta
Mi delicada Poetisa
con tu poesía, me hiciste retomar la hermosa belleza de la melancolía y me dejaste una caricia en el alma y una preciosa expresión. Finalmente, en la madrugada de ayer conseguí concluir la lectura de tus poesías y ya sé, que nunca te podré olvidar.
Un infinito beso.
Vigésimocuarta respuesta
Mi apasionado Ensayista,
he de reconocer que inevitablemente me entristece sumamente el mensaje de tu última carta. Parece que fue ayer y el camino ya finalizó. ¡Te has leído mi obra entera!, tendré que darte un premio a la excelencia lectora y a tu magisterio en la distancia, una distancia que feliz y finalmente pudimos concretar en la intimidad. ¡Gracias de todo corazón!, un corazón que probablemente a estas alturas conozcas como pocas personas. Como bien narras en tus ensayos, escribir supone un acto de desnudamiento del alma, que tú, pausada y calladamente, has sabido contemplar magistralmente en mi escritura. Como me enseñaste en nuestro encuentro personal, toda mi figura reside casi en su totalidad en la mesura caótica de mis versos.
Un inefable beso.
Un inefable beso.
Vigésimoquinta y última carta
Mi inolvidable y siempre deseada Poetisa,
Gracias por todo a ti también. Esta experiencia única me ha hecho reconocerme en múltiples sentidos que ni yo mismo conocía. Quizás el no cruzar ciertas barreras, sea la mejor opción para poder mantener la tensión con lo misterioso. Tú tampoco te quedas atrás en tus lecturas y en tu expresión. Has recuperado varios de mis trabajos más antiguos y me has hecho renacer nuevamente. También te doy las gracias por todo ello. Espero que algún día seas tú quien retomes esta correspondencia, para mostrarme todo lo que hallaste en mis ensayos.
A propósito de nuestro breve pero significativo diálogo sobre la esencia, me despido con una osada pregunta: “¿Qué queda cuando nos desnudamos de palabras y silencios?
Un íntimo y no definitivo beso.
A propósito de nuestro breve pero significativo diálogo sobre la esencia, me despido con una osada pregunta: “¿Qué queda cuando nos desnudamos de palabras y silencios?
Un íntimo y no definitivo beso.
Vigésimoquinta y última respuesta
Mi amado y deseado Ensayista,
hemos aprendido mucho de esta rica experiencia, pero quizás tengas razón en aquello que me contaste en nuestra intimidad y probablemente la plenitud que se alcanza en un instante, no debería intentar ser repetida en una nueva ocasión. No sé… últimamente pienso mucho en ello. Poco a poco voy avanzando en la lectura de tus textos y sigue sorprendiéndome la cantidad de matices que aparecen a cada momento. La realidad se muestra tan rica ante tu mirada, que como digo necesitaré algún tiempo para poder asumir definitivamente tus pensamientos y quizás emprender una nueva correspondencia, donde sea yo la que hable sobre tu cración. Hasta entonces respondo a tu última pregunta con otra nueva pregunta, que quizás nos pueda ofrecer una nueva apertura hacia posibilidades desconocidas de diálogo: ¿esencia o un deseo eterno?
Un íntimo y eterno beso, cargado de anhelos futuros...
Un íntimo y eterno beso, cargado de anhelos futuros...
FIN...




