domingo, 10 de febrero de 2013

Acto homenaje a Don Jesús Arellano. Crónica personal


El pasado jueves llegué a casa sobre las 16:00 H. Tenía tiempo suficiente para comer y prepararme para asistir a uno de esos actos que albergan un contenido esencial , difícil de olvidar. Cariñosa y muy generosamente, mi mujer y mi hija me cedieron la tarde para poder estar en esa hermosa celebración.
Se trataba de un acto homenaje al profesor D. Jesús Arellano, fundador de la Facultad de Filosofía de Sevilla y creador de la teoría filosófica del orden trascendental.
El acto quedaba justificado por la presentación del libro colectivo  Semilla de Verdad. Vida y obra de Jesús Arellano, libro homenaje donde hablan algunas de las personas que lo conocieron o tuvimos la suerte de mantener algún mínimo contacto con él a lo largo de su extensa trayectoria vital.
Raudo y veloz, quizá más de lo que debiera, bajé en coche desde el Aljarafe sevillano hasta alcanzar el Prado de San Sebastián. No quería perderme nada. La tarde era muy agradable, a la vez que agradecida, como la presencia de ese octogenario pensador que conocí en algunos de sus últimos seminarios de Metafísica.
La cita era en el Paraninfo de la Antigua Fábrica de Tabacos, donde nada más llegar tropecé con mi sabio amigo, a pesar de la diferencia de edad, José María Prieto, uno de esos extinguidos profesores universitarios, que al estilo de D. Jesús ofrecen su persona sin ningún tipo de negociación.

-         “¡Hombre!, José María, ¿qué pasa, cómo estás?”
-    “Bien, bien… ¿y tú? ¡Has venido! Oye, a ver si vienes a casa y hablamos de nuestras cosas...”
-       “Sí, sí, tengo muchas ganas de discutir contigo el índice que te he mandado del libro que estoy escribiendo sobre el silencio. Por cierto, me he traído una cámara para hacer algunas fotos.”
-         “Eso, eso, pero házmelas sólo a mi…jeje”
(En mi cabeza: “Este hombre siempre tan güason...”)

Y en medio de la conversación… otra grata sorpresa… llega José Villalobos, mi Maestro...

-         “Don José, ¿cómo está?”
-    “Me alegro de verte. Ahora hablaré contigo. Recibí tu e-mail hace tiempo, aunque todavía no te he contestado… Leí lo de López Quintás, me parece que está muy bien…”

Mientras tanto por la retaguardia… Jaime Rodríguez Sacristán, maestro de vida, con Asunción, su mujer. Nunca podré agradecerle suficientemente su atención hacia mí cuando yo era un jovencísimo y recién licenciado. Al estilo de D. Jesús, D. Jaime me saluda con un “cachete” en la cara.

- “Hombre, ¿cómo estás?”
- “Muy bien, ¿y usted? no quería perderme el acto.”

Y después Asunción.

-         “¿Y las niñas?”
-         “Muy bien que están.”
-         “Dales un abrazo muy fuerte de mi parte… que no se te olvide.”
-         “Se lo daré después cuando las vea… últimamente estoy metido en demasiadas cosas.”
-         “Pues haces mal.”
-         “…y lo peor es que lo sé…”

Mientras tanto, no deja de llegar gente: Juan Arana, coordinador junto a José María Prieto del libro homenaje, el profesor Ramón Queraltó, el periodista Paco Correal, etc... Creo que yo era con bastante diferencia el más joven de la Sala.

Comienza el acto:

David Puentes Madrigal hace entrega de la palabra a Juan Arana, quien de un modo directo y sencillo recuerda la significativa presencia que Arellano tuvo en todos aquéllos que tuvieron la oportunidad de conocerlo en tan distintas circunstancias. Seguidamente, Andrés Ollero relata algunas anécdotas personales de su relación con D. Jesús, como aquélla que muestra al anciano profesor paseando por el pasillo de su casa mientras anotaba ideas en un bloc. Jaime Rodríguez Sacristán destaca su humanidad y la profunda relación que ambos mantuvieron durante más de cincuenta años. José Villalobos, incide especialmente en la trascendencia de la creación filosófica escrita que Arellano desarrolló a lo largo de su vida. "Su teoría completa del orden trascendental está escrita en once volúmenes inéditos. ¡Publíquese!” exclama Don José. Finalmente, José María Prieto echa el telón con un gran esbozo personal y filosófico del que fuera uno de los mayores filósofos españoles del siglo XX.

Aplausos, sonrisas, saludos de despedida y a casa, donde todo lo acontecido empieza a palpitar en mi interior.

De camino a casa, dos pensamientos se repiten constantemente en mi cabeza:

1.     “¡Qué fenómeno tuvo que ser este hombre! Una pena no haberlo podido conocer en sus años de joven madurez.”

2.     “¡Qué suerte han tenido todos estos profesores universitarios que han podido vivir en, y de aquella antigua y al parecer prodigiosa universidad hispalense de aquellos años!”



http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/1456038/hombre/mas/libre/su/generacion.html