miércoles 18 de noviembre de 2009

El sigiloso encanto de la sugerencia

¿Se han preguntado alguna vez por todo lo que encierra la sugerencia?, ¿qué hay en lo sugerente que nos conmueve sin saber por qué?, ¿qué posee una mirada sugerente que la hace tan atractiva?, ¿qué esconde un lenguaje sugerente que encierra tanto contenido?
Cuando somos objeto de una mirada sugerente sentimos la sensación del misterio, la sensación de ser contemplados por una atención dirigida, que oculta algo mientras nos invita a lo desconocido… y no podemos dejar de reconocer que lo desconocido se muestra maravillosamente atractivo para el ser humano. Somos así… nos atrae “aquello” que todavía no conocemos y efectivamente, una mirada sugerente conlleva en su ejecución una gran dosis de misticismo.
En el caso de la expresión corporal sucede lo mismo. Una expresión sugerente atrae mucho más que una expresión rotunda. Con su manifestar implícito, la sugerencia deja abierto el camino a todo un universo de posibilidades, mientras que lo explícito no se guarda nada para sí, lo ofrece todo, agotando en su expresión las posibilidades de interpretación de aquello que se nos tiene que entregar. Queramos o no, nos interesa mucho más lo que se insinúa y no se muestra, que lo que se manifiesta a las claras…

lunes 9 de noviembre de 2009

El acto creador: añadir y quitar

¿Cuál es el significado de la creación?, ¿qué tiene de especial esta actividad que tanta plenitud aporta a la vida humana?, ¿por qué muchos de nosotros estamos dispuestos a pasarnos horas y horas delante de un papel en blanco, sentados a un piano o contemplando un lienzo vacío, esperando ese mágico momento?
Para los que sienten de verdad la necesidad de crear, lo realmente interesante no es justificar este hecho, sino adentrarse en su interior para intentar desvelar su porqué. Desde esta actitud, nos planteamos directamente la cuestión: ¿qué es la creación?
Tradicionalmente, la capacidad inventiva del ser humano se ha asumido como un segundo nivel respecto a la creatio divina. El único que es capaz de crear en sentido absoluto es Dios, “creador del cielo y de la Tierra”. Dios crea ex nihilo, pero al hombre, tal y como enseñaba Platón en su República, tan sólo le resta “imitar” lo creado.
En sentido general, suele entenderse como creación aquella actividad que inventa algo “nuevo” que antes no existía, o por lo menos no existía en esa misma manera.
Cernuda embelleció el mundo con sus versos, Vivaldi con sus composiciones y Monet con sus lienzos. Ellos encontraron ese “mágico momento”. Por la similitud con la acción divina de la creación, es por lo que a estos grandes creadores se les tiene en la más alta estima.
Pero, ¿realmente la creación supone añadir “algo” nuevo al mundo? En un primer momento, esta descripción acierta con la acción de la creación, pero la creación no se reduce exclusivamente a añadir algo nuevo. Crear también es desvelar, acertar con la esencia de “aquello” que queremos alcanzar o mostrar de alguna manera, en nuestro intento por acceder a lo imposible. Como apuntábamos en nuestra antigua entrada “El acto de escribir… o de desnudar el alma”, crear es desnudar lo real de “aquello” que le sobra hasta llegar a su esencia más pura y decisiva. Miguel Ángel veía en los bloques de mármol la forma de sus figuras antes de comenzar su trabajo, simplemente se trataba de liberar esa forma indómita que ya anidaba en la brusquedad de lo todavía no trabajado. Se trataba de quitar, no de poner. O como afirmaba rotundamente Picasso, la creación es un proceso de encuentro y no de búsqueda. Según todo esto parece que lo más acertado para acercarnos a la comprensión de la creación, sería manejar un concepto más amplio, en donde además de poner también tenga lugar la acción de quitar.

lunes 2 de noviembre de 2009

"Amor es la respuesta"

Allá por los años setenta, guitarra en mano, Jonh Lennon afirmaba enérgicamente aquello de “Love is the answer.” Y la verdad que no parece que el genio de Liverpool fuera muy desencaminado. A veces, los genios perciben intuitivamente algunas de las grandes verdades de la existencia. El caso es que esta idea, que obviamente ya había sido desarrollada anteriormente por otros grandes genios, encierra probablemente la llave del gran enigma de la humanidad: la felicidad.
La felicidad del ser humano parece estar encerrada en un gran cofre blindado, al que sólo se tiene acceso con una llave, la del amor. El amor nos hace felices de manera espontánea y absoluta. No hablamos sólo del amor hacia la persona amada como pareja, sino del amor en términos generales, es decir, del amor hacia la pareja, hacia la familia, hacia los amigos e incluso hacia las distintas actividades que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida. Cuando hacemos algo, lo que sea, con amor, inevitablemente la cosa saldrá bien. A pesar del aparente estado de disconformidad, Miguel Ángel no podría haber pintado el maravilloso techo de La Sixtina sin amor, así como Neruda no hubiera podido “... tiritar a lo lejos...” si no hubiera amado apasionadamente.
Encontrar tareas que llevaremos a cabo con amor nos hará felices en grado sumo, al igual que realizar tareas sin amor, nos hará sumamente infelices.
El amor, por su propia constitución natural, brota desde la verdad. Cuando se ama, se ama desde la verdad y cuando se hace algo por amor, lo que sea, se hace de verdad. Uno no puede amar, fingiendo. Ese caso ya no sería amor. Amor y verdad, pues, indefectiblemente van cogidos de la mano desde su origen más radical.
El amor tiene la maravillosa capacidad de protegernos de todo lo negativo que nos pueda afectar. Cuando hay amor de verdad, todo es superable. ¿Qué experiencia podemos encontrar más noble y plena que la del amor, esa que es capaz de provocar la donación de uno mismo sin esperar nada a cambio?, ¿habrá algo más maravilloso que eso?
Los sabios de la Antigüedad ya se percataron de este hecho, y así podemos encontramos excepcionales pensamientos sobre el amor, en muchos de estos autores. Como ejemplo, sirva decir que el amor ocupa en la filosofía de Platón, nada más y nada menos que el lugar central de todo su sistema. Muchos fueron, son y serán los que han meditado seriamente sobre el lugar del amor en la vida humana.
Y de entre las sentencias inapelables que podemos encontrar en la historia sobre nuestro tema de hoy, les dejo con la sentencia ineludible del maestro de Hipona: “Ama y haz lo que quieras.” Piénsenla a fondo, porque “ahí” radica todo el secreto de nuestra existencia.

viernes 23 de octubre de 2009

El auténtico significado de lo útil

En el momento que nos ha tocado vivir (pleno siglo XXI, rodeado de tecnología por todas partes), no es muy difícil encontrar la utilización de ciertos conceptos de manera errónea, debido a la comprensión reduccionista que se lleva a cabo en muchos casos. Así sucede, por ejemplo, con la utilidad. ¿Qué se entiende hoy día como utilidad? Por desgracia, en un sentido genérico, la utilidad ha quedado reducida al efecto práctico y contrastable que produce una acción determinada. Si hacemos extensible este concepto a todo el ámbito de la acción humana, acabamos pensando de una manera aparentemente “natural”, que únicamente aquello que “produce” un fin “práctico y contrastable” con su acción, es una actividad útil. Pero el problema aparece, cuando reflexionamos sobre el significado concreto que encierra esta comprensión del asunto.
Hoy día, un fin práctico es aquél que produce un efecto asible con las manos, es decir, un efecto que fácil o intuitivamente podemos percibir, como fruto de una actividad intencionada. Así, un carpintero produce un mueble, un arquitecto produce planos y un operario produce un trabajo cuantificable. Pero, ¿qué produce un poeta o un filósofo? Rápidamente saltarán a la palestra hijos de nuestro tiempo, afirmando rotundamente la inutilidad de un poema o de un pensamiento, y dirán: “¿Para qué sirve un poema o un pensamiento?, ¿qué “bien” produce eso?”
No se trata de autojustificarnos, edificando una compleja argumentación racional, que nos conduzca a una autocomplaciente sensación de necesidad absoluta, sino de poner las cosas en su sitio. Rebobinemos, pues, y pensemos con profundidad el significado del término “utilidad”.
No podemos reducir la utilidad a su aspecto práctico. No sólo es útil aquella acción que produce un efecto práctico y asible con las manos, como decíamos anteriormente, sino que es útil toda aquella actividad que produce un efecto con su acción. Así, el poeta “produce” poemas, el pensador “produce” pensamientos y el artista “produce” obras de arte. La utilidad de este tipo de actividad reside en sus resultados, los cuales nos ofrecen maravillosas expresiones del mundo que nos ha tocado vivir y profundas explicaciones del sentido de la vida humana, pero al parecer, para algunos, esto parece no tener importancia ni ser útil.
A mí, personalmente, me encanta perderme en toda esa inutilidad que tanta comprensión y consolación ofrece. Yo me quedo con la inútil poesía de Lorca, los improductivos pensamientos de Unamuno y los infructuosos lienzos de Velázquez. ¿Seríamos hoy día lo que somos, si estos creadores hubieran abandonado su vocación por una profesión más productiva?
Queridos lectores... si inútil es lo que no sirve para nada, está claro que no hay nada más útil que “aquello” que nos ayuda a comprender mejor, todo “lo que nos sucede”.



domingo 18 de octubre de 2009

Lo inaccesible

Cuando intentamos comprender todo “aquello” que nos rodea, tropezamos con un espacio que no podemos explicar, pero que sin embargo parece encerrar lo más decisivo. Cuando llegamos a ese punto, comenzamos a hablar de lo inaccesible, de “aquello” que nos conforma, pero que sin embargo no podemos explicar de ninguna de las maneras.
Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de lo inaccesible?, ¿qué contenido encierra esa palabra que parece esconder el secreto de los secretos?
Intuitivamente, solemos entender bajo el título de lo inaccesible, esa parcela de lo real que encierra lo esencial, que nos envuelve y no se deja atrapar en su totalidad de ninguna manera. En todas las grandes tareas de los hombres más excelentes, siempre se ha hablado de lo inaccesible, como de “aquello” que otorga un excelso sentido, pero que no puede ser apresado de ningún modo. Entre otras circunstancias “aquello” que nombramos como lo inaccesible, parece ser “innominable” e inmaculado. Puede ser intuido, más nunca comprendido.
Ha habido diversas actitudes e intentos sobre eso que designamos como lo inaccesible. Wittgenstein sostenía que “De lo que no se puede hablar, mejor es callar.”; Chillida torció y retorció la materia hasta extremos insospechados para indagar sobre el espíritu y Valente ejerció una poesía mística, que intentó hablarnos desde el mismísimo silencio. En cada parcela del ámbito humano dedicada a escudriñar lo real, siempre han surgido distintas maneras de acercarse a lo inaccesible. Así, por ejemplo, mientras muchos pintores han intentado representar el vacío, no menos poetas han intentado recrear lo que no tiene nombre.
La mística, ya sea desde una tradición u otra, o ejerciéndose desde unas disciplinas u otras, parece ser la materia de lo inaccesible, ya que éste es su tema fundamental. Su tarea, precisamente, consiste en acercarse lo más posible a ese rincón de lo real, en donde anida aquello que no se puede nombrar, pero que sin embargo con su fuerza nos configura en nuestra esencia más radical.
Como muestran los distintos ensayos llevados a cabo en el mundo de la poesía, la escultura, la filosofía, la música o la pintura, lo inaccesible parece que se constituye como alguna especie de “región” pura, que sin mostrar nada, lo sostiene todo. Al parecer, lo inaccesible...

...desde un silencio aterrador, significa las palabras,
...desde una desnudez absoluta, cubre de ropajes lo real,
...desde un vació abismático, rellena nuestra existencia,
...desde una oscuridad cegadora, ilumina lo que realmente hay que ver,

...así como desde una cerrazón inalcanzable, colma de plenitud...

Y sin embargo, y a pesar de las dificultades, no cesamos en nuestro empeño por acercarnos lo más posible a eso inaccesible. ¿Por qué? Probablemente porque la actitud incansable de la sabiduría humana tenga su origen en el impulso original proporcionado por lo inaccesible, y así su afán no sea otro que el de reconciliarse consigo mismo, para volver a descansar en su primera esencia.

miércoles 14 de octubre de 2009

La suerte

Mientras más años tengo, más cuenta me doy de la importancia que tiene en la vida el factor suerte. ¿Cómo está constituida la vida para que tenga más peso el azar que la verdad?, ¿cómo es posible que lo importante sea estar en el lugar adecuado en el momento adecuado y no la valía real de la persona?
Muchos genios murieron en el más absoluto anonimato o tuvieron que recurrir a ciertos contactos para, a duras penas, poder ir sacando adelante su obra. Nietzsche se pagó la edición de su Así habló Zarathustra, Mozart fue “enterrado” en una fosa común y a Rodin lo suspendieron en el examen de acceso a la Academia de Bellas Artes. Las cosas son tan injustas…
A veces, el talento y la excelencia se imponen, pero no nos engañemos, normalmente no es suficiente con ser muy bueno en algo para conseguir las cosas. ¡¡Ojalá fuera así!! Sin embargo, por otro lado encontramos a ciertos personajes afortunados, ocupando puestos de privilegio que jamás deberían haber ocupado. Lo mejor es tener talento y que la suerte te acompañe, pero si por desgracia hay que elegir, entre la suerte y el talento, más vale quedarse con la suerte.
En este ámbito humano, no parece que haya una estructura “causa-efecto”, no parece que se produzca un resultado adecuado a la acción emprendida. Más bien, parece que la cosa funciona de la siguiente manera: el hombre realiza una acción voluntaria, impulsada por su propia intención y el mundo juega con ella a su libre antojo, pudiendo causar un resultado u otro, todo depende de hacia donde caiga el dado.

lunes 14 de septiembre de 2009

Lugares

Hay lugares que una vez que han sido pisados, no pueden ser olvidados jamás, pues poseen una magia especial que nos envuelve de una manera absoluta, impregnándonos para siempre con su esencia más profunda. En algunos de estos lugares, esa magia parece emanar de una referencia concreta más o menos explícita, pero hay otros lugares donde esa referencia yace escondida en un halo misterioso imposible de alcanzar.
Cada uno de estos lugares nos deja su huella de una manera peculiar. Ninguna de las ciudades en donde he estado me ha parecido tan explosiva y artísticamente bella como París, así como ninguna me ha impresionado tanto por su espectacularidad particular a los pies del Bósforo como Estambul, al igual que ninguna otra me ha llevado al recuerdo histórico monumental de la manera en que lo ha hecho Roma.
Hay muchas ciudades impresionantes, con un encanto exclusivo e incomparable que las hacen ser únicas. Como ya he mencionado, en su modalidad, las dimensiones de belleza que uno puede encontrar en París son difíciles de hallar en otro lugar. La capital francesa vive por y para la belleza, a cada paso es fácil tropezar con destellos de esa belleza germinal desde la que brota la personalidad más penetrante de la ciudad. Los diversos y cuidados jardines, Nôtre Dame, el Sena o las esculturas de Rodin son algunos de los ejemplos arquetípicos que podemos encontrar en este marco de ensueño.
De la belleza de París podríamos pasar a la reminiscencia histórica de Roma, la armonía intelectual de Heidelberg, el caos descontrolado de El Cairo, el cosmopolitismo de Londres o el hermoso encanto de Venecia. Son tantos y tan maravillosos los preciosos lugares que podemos encontrar por el mundo, que bien vale la pena acercarse a ellos de vez en cuando para recorrer sus espacios, contemplar sus rincones y sentir sus latidos.

Ha llegado el momento, de sumirme en el silencio y dedicarme a contemplar “lo que” sucede.


Hasta pronto...