
Cuando intentamos comprender todo “aquello” que nos rodea, tropezamos con un espacio que no podemos explicar, pero que sin embargo parece encerrar lo más decisivo. Cuando llegamos a ese punto, comenzamos a hablar de lo inaccesible, de “aquello” que nos conforma, pero que sin embargo no podemos explicar de ninguna de las maneras.
Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de lo inaccesible?, ¿qué contenido encierra esa palabra que parece esconder el secreto de los secretos?
Intuitivamente, solemos entender bajo el título de lo inaccesible, esa parcela de lo real que encierra lo esencial, que nos envuelve y no se deja atrapar en su totalidad de ninguna manera. En todas las grandes tareas de los hombres más excelentes, siempre se ha hablado de
lo inaccesible, como de “aquello” que otorga un excelso sentido, pero que no puede ser apresado de ningún modo. Entre otras circunstancias “aquello” que nombramos como lo inaccesible, parece ser “innominable” e inmaculado. Puede ser intuido, más nunca comprendido.
Ha habido diversas actitudes e intentos sobre eso que designamos como lo inaccesible. Wittgenstein sostenía que “De lo que no se puede hablar, mejor es callar.”; Chillida torció y retorció la materia hasta extremos insospechados para indagar sobre el espíritu y Valente ejerció una poesía mística, que intentó hablarnos desde el mismísimo silencio. En cada parcela del ámbito humano dedicada a escudriñar lo real, siempre han surgido distintas maneras de acercarse a lo inaccesible. Así, por ejemplo, mientras muchos pintores han intentado representar el vacío, no menos poetas han intentado recrear lo que no tiene nombre.
La mística, ya sea desde una tradición u otra, o ejerciéndose desde unas disciplinas u otras, parece ser la materia de lo inaccesible, ya que éste es su tema fundamental. Su tarea, precisamente, consiste en acercarse lo más posible a ese rincón de lo real, en donde anida aquello que no se puede nombrar, pero que sin embargo con su fuerza nos configura en nuestra esencia más radical.
Como muestran los distintos ensayos llevados a cabo en el mundo de la poesía, la escultura, la filosofía, la música o la pintura, lo inaccesible parece que se constituye como alguna especie de “región” pura, que sin mostrar nada, lo sostiene todo. Al parecer, lo inaccesible...
...desde un silencio aterrador,
significa las palabras,
...desde una desnudez absoluta,
cubre de ropajes lo real,
...desde un vació abismático,
rellena nuestra existencia,
...desde una oscuridad cegadora,
ilumina lo que realmente hay que ver,
...así como desde una cerrazón inalcanzable, colma de plenitud...
Y sin embargo, y a pesar de las dificultades, no cesamos en nuestro empeño por acercarnos lo más posible a eso inaccesible. ¿Por qué? Probablemente porque la actitud incansable de la sabiduría humana tenga su origen en el impulso original proporcionado por lo inaccesible, y así su afán no sea otro que el de reconciliarse consigo mismo, para volver a descansar en su primera esencia.