viernes, 23 de mayo de 2014

El ensayista y la poetisa (V)


Vigésimoprimera carta


Mi queridísima y anhelada Poetisa,


me quedan apenas algunas páginas para abandonarte definitivamente. En el aparente desorden en el que se estructura tu obra, tan cargado al mismo tiempo del virginal orden desnudo de tu naturaleza poética -melodías, silencios, sinceridades y anhelos pausados...-, se dibuja un leve sentido que me hace pensar en la posibilidad de efectuar una reflexión de conjunto aún más profunda y detenida sobre el sentido de tu creación. Probablemente, algún día elabore esta reflexión y diga algunas cosas más sobre lo que acontece definitivamente en tu enigmático libro, donde constantemente se sugieren espacios insondables, imposibles de recorrer en estos momentos. He de reconocer que tus poemas no pueden conformarse con estos desordenados comentarios, vertidos desde esta correspondencia tan inusual y todavía tan marcadamente nueva.
Tu expresión es siempre tan generosa en su entrega y en tus silencios "deshilachados", que va presentando progresivamente, aún sin saberlo, la autenticidad de una palabra única, que debe ser meditada de “otra manera”.
Un delicado beso.


Vigésimoprimera respuesta


Mi queridísimo Ensayista,

desde hace algunas semanas, el transcurrir se me ha vuelto eterno, será porque anhelo recibir tus cartas, en una espera que se me hace imposible. Estoy envuelta en una angustiosa situación que no parece obedecer a una causa determinada. No sé si esta angustia viene motivada por el máximo interés que me despiertan tus cartas, al hablar sobre aspectos de mi escritura que ni yo misma conocía, o si la causa ha de ser buscada en un deseo inconsciente por acercarme a la persona que sostiene tus letras. Hasta ahora, consciente o inconscientemente, mayormente te he dejado hablar a ti, porque desde el principio me ha fascinado tu manera de leerme y recorrerme. Sentía tu correspondencia como un progresivo desnudamiento, en donde tan sólo tenía que dejarme observar. Sin embargo, siempre se ha tratado de un desnudamiento plenamente sensual y respetuoso, en donde la poesía y la reflexión han primado por encima del conjunto. Tu reflexión ha desnudado a mi poesía y mi poesía se ha dejado admirar por tus profundos ensayos, los cuales han avistado rincones inusitados en los que nunca había reparado. Ahora que voy sintiendo tu pérdida, voy entendiendo que quizá mi mayor temor – y en esto reconozco mi egoísmo- sea el de que desaparezcas y pierda así la posibilidad de conocer lugares recónditos de mi propia alma, a los que sin tu auxilio nunca podría arribar. Siento que mi carta de mayor extensión se deba a una egoísta petición, la de que me sigas descubriendo mis propios “espacios”…
Mientras me llegan tus nuevos envíos, me adentro en tus diversos ensayos y me fascino con tu manera de comprender y mostrar el mundo. Aprendo mucho con tus escritos y ello me ayuda a soportar la espera. Deseo que cada verso final de mi obra te entretenga lo suficiente, como para que esta correspondencia se extienda algunos días más.
Con lectores-maestros como tú da gusto entregarse.

Un delicado beso.



Vigésimosegunda carta


Mi queridísima y admirada Poetisa,

tu última carta no me causa sorpresa alguna, más bien una satisfacción que no acierto a describir. Desde mi juventud mi vocación ha sido la de profundizar en todo aquello que me ha provocado un interés especial, y obviamente éste ha sido el caso de tu poesía. No has de preocuparte por nada en absoluto. Mis análisis me brotan de una manera natural, ante cualquier objeto de profundo interés. En un principio te avasallé con mis cartas, porque necesitaba zambullirme en tu obra y en tus intenciones, para poder perderme libremente en tu esencia. Ahora comienzo a retomar el rumbo del impacto inicial que me supusieron tus versos y poco a poco voy narrando tus esencias. Finalmente, el desnudo de tu obra me parece magistral y una vez contemplado, he de recoger lo allí aprendido para continuar mi camino. No puedo extender esta correspondencia sin porqué, quizás si tuviera acceso a nuevos poemas tuyos o si tú quisieras comentar mis ensayos… aunque reconozco que esta última opción se hace dificultosa, ya que mi obra pasaría a ocupar el lugar de la tuya y entonces tú tendrías que despojarme de mis ropajes últimos para poder llegar a mi esencia. Tú contemplarías y yo me dejaría contemplar. Quizás hablamos de un intento demasiado peligroso…
Aún sin quererlo inicialmente, en múltiples ocasiones tus pensamientos meditan poéticamente sobre lo que mis palabras buscan a través de la reflexión y en ese suspiro incontrolable, podría hacerse accesible la posibilidad de un tímido acceso a tu comentario sobre mi obra.
Pero nuestro evento común ha de ser clausurado o abierto hacia otros caminos, ofreciéndole al mismo una nueva posibilidad más inicial. Siento ser tan críptico en esta ocasión, pero las palabras ya no me alcanzan a lo que nos queda por meditar. Por ello ante la incipiente finalización de mi lectura y ante lo que reconozco en tus palabras como una tímida petición, si te apetece deseo proponer un encuentro personal, que nos permita conversar acerca del asunto más crucial que nos traemos entre manos, la pregunta por la esencia a través de una poética y reflexiva intimidad, a través de una expresión en la que podamos hablar sin decir y comunicarnos a través del silencio. Por supuesto no hay obligación alguna. Si quieres, te espero en el lugar que te detallo, dispuesto como siempre, al diálogo silente sobre los abismos más profundos.

Un sentido abrazo.


Vigésimosegunda respuesta



Querido Ensayista,

sabes atender magistralmente a lo que susurran silenciosamente mis palabras, con una delicada actitud que capta plenamente la intención más íntima de mis impulsos poéticos. Gracias por descifrarme en tan múltiples sentidos y conducirme amorosamente a los recovecos más recónditos de mi alma. Me apetece intensamente provocar semejante evento y penetrar mi conciencia de lugares improbables, que nos permitan abrazar la reflexión poética de nuestras creaciones. Tú debes meditarme y yo debo poetizarte, para que finalmente lleguemos a un espacio conjunto de sentido, que hable por sí solo. Esta correspondencia no debe terminarse sin intentar completar nuestra enigmática “relación”, la cual no debe quedar huérfana de esa posibilidad. Acudiré a exponer mi pensamiento y a buscar un aprendizaje compartido. Hoy ya no he de decir más…
Un íntimo y sentido beso.
Continuará...

6 comentarios:

Mercedes dijo...

Bueno, por fin han acordado poetizarse y explorarse de una forma personal. Han quedado en verse, veremos si cara a cara cumplen las expectativas creadas mediante la correspondencia. Lo encuentro difícil, pero...
Hasta la próxima entrega.
Un abrazo.

Ruben M. M. dijo...

Mercedes, tu intuición literaria se mueve por sabios senderos. Por ello valoro tanto tu presencia en mi espacio. Gracias.

Un abrazo.

Mamen dijo...

Es evidente que no pueden pasar el uno sin el otro, aunque hasta ahora su relación tan solo haya sido de forma epistolar, pero tan llena de complicidad y comprensión que sus almas se han encontrado, y ahora necesitan encontrarse físicamente.
Esperemos que al conocerse en persona no sufran una decepción, a veces a través de la escritura idealizamos a una persona y luego la realidad resulta ser muy distinta.
Por favor, no tardes en publicar la continuación de la historia, estoy impaciente por conocer su desenlace.

Te envío un beso, un abrazo y todo mi cariño.

Ruben M. M. dijo...

Mamen, gracias por leerme con tanto entusiasmo.

Un abrazo!

Paloma Corrales dijo...

Esta preciosa historia narrada de modo epistolar que escribes, evidentemente te pertenece, pero yo creo (conjeturando) que no es importante si se encuentran o no, tengo la impresión de que ya se han encontrado en otra percepción, e incluso se conocen más íntimamente de lo que podrían llegar a conocerse en un encuentro real... En fin, habrá que esperar.

Besos.

Ps. me gusta mucho.

Ruben M. M. dijo...

Paloma, tu lectura se advierte profunda y acertada. Captas muy bien el plano hacia el que quiero dirigir esta relación. Gracias por tu atención.

Besos.