
…pasan las horas… y el tiempo no transcurre… Repentinamente la mirada se detiene, el maestro se levanta y comienza la danza. La materia se entrega a la melodía de esos gestos que buscan la sensualidad. El maestro se sumerge en un silencio imposible de descifrar…
Súbitamente, el barro comienza a susurrar perfiles admirables…
16 comentarios:
Yo diría que es una definición Zen; leí hace un tiempo una definición, del arte del calígrafo japonés, casi idéntica. En este caso, la realización es anecdótica… No estoy muy seguro, que esta definición pueda aplicarse, tal cual, a todos los maestros, en particular en Occidente.
José, por un lado decirte que me alegra saber que mi descripción coincida con una que ya se dio hace tiempo y por otro lado, señalarte que hay que leer la entrada con una mirada poética, donde lo que se busca es una aproximación no una definición exacta de la cuestión.
En cualquier caso, pienso que el proceso de creación tiene muchos de los rasgos que se apuntan en el texto. El creador siempre busca reconcentrado en sí mismo, hasta que la obra empieza a brotar.
Un abrazo!
P.D.: Una vez más me sorprende el enfoque de tu comentario. No está mal enriquecerse desde la crítica ajena.
Es curioso, hace unos días escribí una cosita, pensaba en tu reflexión sobre el silencio, y en el comentario de un amigo poeta, que me decía su dificultad a escribir breve.
La verdad del poeta
no reside en sus versos,
lo esencial es lo que no dice,
y no es un silencio.
Sobre la aproximación poética…
Antes de escribir pienso
y no es un verso,
cuando escribo un verso
no pienso… :-)
Dos abrazos.
José, como bien sabes, no puedo estar más de acuerdo con tus palabras. Ese no decir que no es silencio es lo esencial, como explico en mis dos libros. Me apasiona ese tema, ya que pienso que es una de las grandes maneras que tenemos de acercarnos a la pureza de las cosas y a su centro neurálgico, a su esencia.
Tus palabras finales señalan el hecho de que tú también habitas cerca de la poesía.
Me ha gustado mucho tu comentario, ya echaba de menos estos pequeños "diálogos" contigo.
Un fuerte abrazo amigo!
Hay que tener mucho "genius"para hacer susurrar al barro sólo con la melodía de los gestos.... En una oportunidad dijo Bécquer, hablando de poesía: " con genio es contado quien la escribe/ y con oro cualquiera hace poesía...Tu texto me recordó a estos versos. Un beso
Yo me aproximo a las palabras como lo hago frente a tantas cosas: leo, miro, aspiro... en ocasiones me rindo placenteramente ante la belleza. Éste es el caso, Rubén!
El barro es pródigo con los poetas!
Te sigo!
claudia, el Genio auténtico es capaz de dar forma al abismo más soterrado. Me encanta tu comentario y me halaga tu comparación. Gracias por pasar.
Un beso.
María Paula, contengo la palabra ante tu hermoso y elogioso comentario.
Muchas gracias por encontrar este espacio y dejar tus palabras.
¡Nos leemos!
Con qué suavidad profundizas Rubén un tema tan delicado y bonito.
Escribí "El ingenio del genio y el hombre" para buscar un toque de humor dentro de una lámpara y dentro de un hombre". No sé si me salió bien pero me divertí escribiéndolo.
Un besito.
Está escrito en el blog "Alas", jeje, por si hay ganas.
Lourdes, me alegra recibir comentarios elaborados con tanta dulzura. Volveré a leerte.
Un beso.
Hola
Me gustan tus escritos tienen sabor a chocolate de letras
abrazos
Recomenzar, me alegra que mis palabras alcancen el nivel del tacto.
Un abrazo.
Bonita forma de describir el instante de la musa, el comienzo de la creación.
Un abrazo Rubén.
María, gracias por tus palabras. Viniendo de una poetisa como tú son tenidas muy en cuenta.
Un abrazo.
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